sábado, 12 de mayo de 2012

La muerte del nieto de Firmín, el ratón bibliotecario


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o   Estaba sentada en mi cómodo sillón amarillo dando el frente hacia el televisor y con la "lap" en mi regazo, cuando vi pasar una pequeña figura, muy pequeña, corriendo a través de la sala.

 Me quedé en expectativa...¿qué diablos es? pensé...la seguí con la mirada y pronto descubrí que era el nieto de Firmín, un ratón bibliotecario que hace dos años había cazado con la ayuda de una tira de pegoste. El condenado mamífero gris pareció que se reía de mi, volteó divertido a verme y se fue tan contento a esconderse sabrá Dios dónde.

Volví a desmadejarme en mi poltrona, pensando...qué tendré una nueva visita? ¿o este roedor se hará miembro acreedor de esta casa?...Y me sumergí de nuevo en mi quehacer literario, no sin antes reivindicar el papel de su antecesor, como un ávido lector de las páginas de mis libros favoritos.

Pasadas las 24 horas y ya esta escritora en posesión de su papel de ama de casa, surtiendo la despensa en una muy conocida franquicia comercial, recordó del nuevo integrante hogareño y decidió llevar otra de esas tiras pegajosas. Mi afán no era ciertamente usarla en contra de ese peluche mísero grisáceo, pero la locura se apoderó de mi mente y al llegar a casa inmediatamente abrí el paquete y deslicé sus dos macabros estuches de muerte anunciada para cazar ratones y todo tipo de alimaña.

Los coloqué justo donde hacia dos años ya, Firmín había caído estóicamente correteado por mi escoba, a un lado del comedor, pegado a la pared.

Me fui a sentar a mi sillón favorito con una humenate taza de café a ver un programa de cazadores nocturnos...

De pronto, mi oído se aguza y alcanzo a percibir unos ruidos inquietos, unos ruidos como de mordisquear nueces o cacahuates...justo debajo de mi!


!El nieto de Firmín! no tengo duda - pienso- está aposentado en el fondo de mi sillón favorito consumiendo alguna golosina tomada de algún bote abierto. De un solo salto me levanto y muevo el sillón tan rápido que observo cómo la pequeña y escurridiza ratita sale sale de su escondite y corre a través del piso de la sala. tomo la escoba y lo persigo unos segundos con tan mala suerte para él que pasa justo onde no tenía que pasar...su futura tumba.

el mismo lugar donde hace dos años cayó su antecesor gris. Hizo un ruidito y se quedó pegado a la resina del cojín del pegoste...

Me acerqué y miré en sus ojitos una súplica para que lo ayudara...mas ya nada podía hacer, su cuerpecito estaba bien pegado, su costado izquierdo quedó estirado. Es tan pequeño...yo, lo miraba con una mezcla de satisfacción y de lástima.

ahí quedó tirado...horas y horas...muriendo lentamente...hasta que llegó mi hija Frany y su amiga Ferny...a las cuales les presumí la caza del día. Más tarde llegó Berny y Frany le mostró mi trofeo, el animalito pegado en su tumba, vivo. El, todo conmiserado quería rescatarlo de ahí y llevarlo a vivir a su hogar...¡jaja! solté una risa destellante...seguro tu madre va a permitir que le lleves de mascota a un ratoncito con el torso despellejado.

Y los tres jovencitos amenazados por el dolor de ver morir a un inocente, me miraban pidiendo clemencia para el nieto de Firmín, pedían que pusiera fin a su sufrimiento. Fui a la cocina, saqué de una caja una bolsa de plástico y metí al consabido petimetre acreedor de mi furia doméstica y sellé la bolsa para que la muerte fuera más rápida por asfixia antes que por inanición.

Antes de irme a mis aposentos dejé la bolsa junto a la puerta exterior para que al salir lo echaran al tambo de la basura. Ya mañana lo pondrán en su tumba, cuando el camión de la basura lo deposite en el cementerio de la ciudad.